An older man looks through the door
Parte uno: Tendencias globales

La salud mental y el apoyo psicosocial en situaciones de emergencia

Beirut, Líbano

Este hombre solía trabajar como herrero en una soldadura eléctrica. Perdió su trabajo cuando la situación económica se deterioró, pero encontró otro como guardia de seguridad nocturno. Después de cinco años y un día, él y otros 55 colegas fueron despedidos. "Tengo 63 años, nunca he visto un año como este", dijo. "¡Solía ser fuerte! Pero cuando me lesioné el cuello, me derrumbé. ¿Cuánto dolor podré soportar?" OCHA/Farid Assaf

Incluso antes de la pandemia de la COVID-19, las estadísticas de salud mental eran muy claras: alrededor de la mitad de todas las condiciones de salud mental comienzan a la edad de 14 años, y el suicidio es la segunda causa de muerte en los jóvenes de 15 a 29 años. Las personas con condiciones mentales severas mueren 10 a 20 años antes que la población general. A nivel mundial hay menos de 1 profesional de la salud mental por cada 10.000 personas.

La situación es aún más grave en las zonas de conflicto, en las que una persona de cada cinco (22%) padece algún tipo de trastorno mental, que va desde una depresión leve hasta ansiedad y psicosis. Esta cifra es más del doble que la de la población general. La pandemia de la COVID-19 ha exacerbado la amenaza para la salud mental. El miedo al virus se está extendiendo más rápidamente que el propio virus. Y la adversidad creada por el virus, por ejemplo, la pérdida de medios de vida, las medidas de confinamiento, la pérdida de familiares y amigos, los cambios en las rutinas y la falta de escolaridad, es un factor de riesgo para la salud mental y los problemas psicosociales a corto y largo plazo. La pandemia y las medidas para contenerla están revelando consecuencias de salud mental y psicosociales en todos los países, en particular en los entornos humanitarios en que los recursos para la salud mental y el apoyo psicosocial son escasos o inexistentes.

En octubre de 2020, alrededor de tres cuartas partes de los servicios de salud mental de las escuelas o los lugares de trabajo habían quedado total o parcialmente interrumpidos. Sin embargo, las solicitudes de apoyo en materia de salud mental y psicosocial han aumentado debido a la pandemia: en el noroeste de Siria, el número de nuevos pacientes en Idleb y sus alrededores que recibieron consultas de salud mental en abril y mayo fue el doble que en el mismo período del año anterior. Las últimas evaluaciones realizadas en Jordania muestran que el 41% de todos los encuestados fueron testigos de un impacto negativo en el bienestar de sus hijos debido a la crisis de la COVID-19 y al toque de queda.

La falta de financiación amenaza la capacidad de los países de aplicar planes de salud mental y apoyo psicológico relacionados con la COVID-19. En una encuesta de la OMS realizada en 116 países, el 89% informó que la respuesta en materia de salud mental y apoyo psicológico formaba parte de sus planes nacionales de respuesta a la COVID-19. Sin embargo, sólo el 17% de esos países había asegurado plenamente la financiación adicional de esos planes en el presupuesto gubernamental, mientras que el 47% respondió que había asegurado una financiación parcial.

La atención a la salud mental se incluye ahora tanto como elemento de la programación humanitaria para hacer frente a las necesidades, así como un componente básico de la obligación de las organizaciones de asistencia humanitaria con el personal. En respuesta a la pandemia de la COVID-19, el Comité Permanente entre Organismos publicó una amplia gama de materiales sobre salud mental y apoyo psicosocial ("MHPSS"). Éstos van desde la guía sobre las habilidades psicosociales básicas para el personal de ayuda humanitaria hasta un libro que ayuda a los niños a comprender la gama de emociones que pueden estar sintiendo debido a la COVID-19. Por primera vez, algunos de estos recursos están disponibles en más de 100 idiomas locales, y en Braille, lenguajes de signos, audio y animaciones para mejorar el acceso de las personas con discapacidades sensoriales.

Si no se invierte en el MHPSS, las consecuencias serán devastadoras en el futuro. Se podrían perder millones de dólares como resultado de la reducción de la productividad y de los costos de la atención de la salud debido a las condiciones mentales. Los niños y los jóvenes tendrán peores resultados en materia de educación, un desarrollo cognitivo reducido y un aumento persistente de las afecciones mentales. Su necesidad de atención durante toda la vida puede disminuir el potencial de la próxima generación para apoyar la recuperación económica.

Algunos de los avances más importantes en el desarrollo de los servicios de salud mental en los últimos 20 años se produjeron después de las emergencias, cuando existe la voluntad política adecuada. Los que ahora se han desarrollado o adaptado como parte de la respuesta a la COVID-19 -como el uso de la telemedicina para las consultas en línea o el aumento de los mensajes basados en la comunidad para el bienestar mental- deben ampliarse y continuarse.

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